lunes, 21 de marzo de 2016

Un Eugenio sin ingenio: No se aceptan devoluciones

Póster de la película "No se aceptan devoluciones"
Por: Omar Téllez

La opera prima de Eugenio Derbez ha causado polémica y una división de opiniones entre los que han tomado el riesgo de gastar su dinero en un boleto para ir al cine y ser testigos de un largometraje que, si algo bueno tiene, es que cumple perfectamente con sus objetivos: hacer reír y hacer llorar al espectador.

Eso nadie se lo puede discutir al cómico mexicano que marcó una tendencia a la hora de hacer contenidos televisivos humorísticos con sus programas “Al derecho y al Derbez”, “Derbez en cuando”, “XHDRBZ” y sus clásicas participaciones en las coberturas especiales de eventos deportivos estelares como juegos olímpicos y los mundiales de futbol.

Lo que sí está en discusión y merece una crítica más a fondo son sus conocimientos cinematográficos y la forma en que cumple con sus objetivos, el método que decidió explotar para llevar al público a ese contraste de emociones.

Dicen que el fin justifica los medios y que en la guerra y en el amor todo se vale. Supongo que también en el cine, pero lo que no se vale es que nos engañen y nos vendan un producto de quinta como si fuera algo de la más alta calidad. Desmenucemos un poco:

La película de Eugenio Derbez está llena de fórmulas más que desgastadas: una historia fácil de digerir y un final inesperado, licuado con humor, chistes sencillos, referencias a otras cintas (muchas igual de simples) y sazonado con el carisma que hizo famoso en la pantalla chica al mexicano y como el ingrediente que realza el sabor nos encontramos con un buen casting que nos lleva a conocer a una niña adorable. Sí, la niña tierna que todos quieren tener de hija, sobrina, nieta o hermanita también es un recurso que se ha exprimido hasta el cansancio, pero sigue funcionando… para algunos.

La historia de “No se aceptan devoluciones” va más o menos así: Valentín, personaje interpretado por Derbez (que además es director y productor de la cinta), es el típico mujeriego acapulqueño que de pronto recibe la visita de una de sus aventuras, quien carga una bebé, asegurando que él es el padre y la abandona ahí con el irresponsable personaje.

Este hecho hace que Valentín se olvide de su vida de locuras, viaje a Los Ángeles y consiga un buen trabajo como doble de películas, todo esto para mantener a su hija. La niña crece y todo pinta de maravilla, hasta que de pronto la madre aparece de nuevo en la historia con la intención de recuperar a su pequeña. Así, nada más porque sí y de la nada.

Curiosamente nos encontramos a un mexicano usando el cliché del mexicano aventurero, mujeriego y desvergonzado, pero que en los momentos duros se convierte en un ser humano de corazón tierno, noble y lleno de amor. Lo más curioso es que ese cliché no sólo le ha dado un gran éxito en Hollywood, sino que también le ha funcionado en este, el país de los mexicanos.

La trama es predecible: se sabe que el hombre, que no quería esa obligación, terminará encariñándose con la niña y que se tendrá que enfrentar a una situación que ponga en riesgo su relación padre-hija. Y sí, eso sucede, no hay que pensarle mucho. También sucede que la película va ligada a una serie chistes para tratar de ocultar la carencia de argumentos.

Otra cosa es que la creación de personajes deja mucho que desear, pues fueron pensados de una forma muy externa lo que provoca huecos en la trama y cuestiones que quedan en misterio, como la escasa participación de la madre y el nulo conocimiento que se tiene sobre ella. Es como el típico personaje misterioso de telenovela.

Y entonces, ¿Por qué el éxito taquillero? Sencillo: Televisa. Y no, no es que sea un crimen que Televisa patrocine la cinta y haya montado una campaña publicitaria que costó millones de pesos. Tampoco es un crimen que ahora la televisora reina de los melodramas quiera expandir sus horizontes y llevar historias dignas de una telenovela de nueve meses o de un capítulo de la Rosa de Guadalupe a la pantalla grande. No lo es. De hecho es una fórmula más que vista y desgastada en la industria de Hollywood. Ejemplos sobran, piense en cualquier película cursi, rosa y tierna que se cuente con un par de chistoretes.

De hecho, Televisa escogió el mejor momento para concretar el proyecto que venían cocinando desde hace años; aprovecharon el auge provocado por “Nosotros los nobles” y el éxito de los Bichir en las grandes ligas del cine.

Lo que no aplaudo es que nos digan que la película es lo mejor del cine nacional y que es una lástima que no compita por el Oscar. Eso es una mentira y un insulto para los cineastas mexicanos que sí están preocupados por hacer cosas de calidad, con historias originales, con ingenio.

Lo de Eugenio funciona y ya. No da para más. Así como funcionan para cierto público las telenovelas y los programas unitarios. Hace reír y hace llorar con un método muy básico en donde Sammy Pérez es por mucho lo más gracioso de la cinta. No es halago.

Derbez ingresa a la industria con un gran éxito monetario, pero que no nos mientan: lo de él es una cinta más, sosa, sencilla y con graves carencias técnicas, con poca de originalidad y, sobre todo, no es la joya del cine nacional. Gracias por no llevarla a competir por un Oscar.

No Se Aceptan Devoluciones (Instructions not included)
– Director: Eugenio Derbez
– Guión: Guillermo Ríos, Leticia López Margalli y Eugenio Derbez
– Actores: Eugenio Derbez, Jessica Lindsey, Loreto Peralta y Alessandra Rosaldo.
– Duración: 115 minutos
-Calificación: 6/10

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